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Amigos lectores: por favor no se confundan. Hace poco escribí un artículo cuyo contenía la frase «hoyos negros». Pero este es otro… ¡más negro todavía!

Como la transliteración es el arma de doble filo de los maniáticos mediáticos, no me extraña que hayan pasado de los «hoyos negros» a los «ojos negros». Suena casi igual y viene a ser un cuasi duplicado del mismo disparate. ¿Qué diferencia hay entre «ojos negros» y «hoyos negros»? Pues ninguna: son disparates equivalentes… en su distorsión idiomática.

Claro, como ya sabemos es más fácil copiar palabras individuales que traducir conceptos, según la costumbre de nuestros amigos los locutores. Es un hecho clarísimo que, según explicábamos en el anterior artículo, un «hoyo negro» no es, como pretenden ellos, un vacío que necesita rellenarse, aunque metafóricamente sea noticioso.

Al revés, está repleto de materia… o de noticias o información, según el caso.

Y bueno, se preguntarán ustedes, ¿de dónde sale lo de «ojo negro»? Pues bien, siguiendo el principio de la transliteración, es claro que proviene de… ¡«black eye»! Pero claro, si estos señores aprendieron español desde la cuna ya lo olvidaron, influidos por el inglés circundante. Porque si le preguntaran a cualquier escolar de cuarto grado de primaria de qué color se pone un ojo golpeado no le van a contestar «negro», sino «MORADO».

Recordemos, por si falta hiciera, que en castellano los golpes producen «moretones» (no «negrones»), y que algunos órganos o regiones se ponen «amoratados» (no «anegrados»).

Luego nos comentan que tengamos cuidado con los juguetes de regalo, puesto que de ellos pueden «partículas pequeñas» capaces de asfixiar a los niñitos. Bueno, yo creía que las «PARTÍCULAS», por definición, tenían que ser pequeñas. Pero veo que me equivocaba, Debe ser, evidentemente, que hay «partículas» GRANDOTOTAS. No, amigos de la prensa: lo que ustedes quisieron decir no es cosa PARTICULAR, sino de mayor tamaño; si fueran tan diminutas no habría peligro alguno, y menos si fueran partículas «pequeñas» (¿moleculares, infinitesimales?).

Permítanme ayudarles. ¿Qué tal si dijeran «piezas pequeñas». o bien, si quisieran usar el españolísimo diminutivo (ya sé: se les olvida por ser prácticamente inexistente en vuestro idioma de norma, el inglés), podrían decir «piececitas». Pero me temo que sería demasiado esperar.

No obstante, ya vemos el problema: «¡hay tantos (dislates) para escoger!». Aunque no sea incorrecto, ¿les pareció un poco extraño ese giro? Uso, a propósito, la frase que ellos acostumbran emplear en la publicidad así como en las propias noticias. ¿No será que la están copiando al pie de la letra de «there is so much to choose from»?

Claro, puesto que en castellano corriente y moliente se suele decir de otra manera: «hay tanta (o «tan amplia) selección» o, más coloquialmente, «hay para todos los gustos».

Lo que es un verdadero DISgusto es la GOLPEADURA que a diario deja AMORATADO al indefenso idioma español, a manos de quienes, de manera muy PARTICULAR, lo maltratan impunemente y, lo que es peor, contagian a todos sus lectores, oyentes y televidentes con esas PIECECITAS que ASFIXIAN el auténtico espíritu de Castilla.


Emilio Bernal Labrada, de la Academia Norteamericana y la Real Academia Española, es autor de La prensa liEbre o Los crímenes del idioma. Pedidos a emiliolabrada@msn.com.

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