Nos enteramos por los medios informativos que la «PORTAVOZ de la Cámara de Representantes» acaba de hacer importantes declaraciones en pro de los programas del actual equipo de gobierno.
Francamente, no teníamos idea de quién sería esa «portavoz» hasta que la identificaron por su nombre. ¿Se imaginan quién era? Pues, aunque no se crea, nada menos que la señora Nancy Pelosi, Presidenta de la Cámara de Representantes. Francamente, no nos extrañó demasiado que un amigo periodista le diera ese título, puesto que ella de veras lo merece, al llevar siempre la voz cantante —como bien le corresponde— respecto a las normas de política y a las iniciativas que promueve la Casa Blanca.
Pero, concretándonos ya al uso del idioma, estamos ante uno de los mayores disparates que hayamos visto en tiempos recientes por parte de la prensa, ya sea escrita o aérea. La señora Pelosi, aparte de toda inclinación política personal, no es una «portavoz» cualquiera, sino algo muy distinto y, desde luego, muchísimo más importante. El cargo de “Speaker of the House of Representatives” corresponde a lo que en buen castellano se llama la Presidencia de la Cámara de Representantes, dato elemental que debe formar parte del acervo del más novato de los periodistas, sobre todo en el ámbito norteamericano.
Otro tipo de «horror», también de carácter «personal», es el de un anuncio publicitario proclamador de que «podrá usted hablar con personas reales». Como cuestión de principios, Insistimos siempre en que no debemos copiar los errores del inglés (nos bastan y sobran los nuestros propios). Mirándolo bien, el modelo de origen «real persons» no puede considerarse totalmente aceptable, puesto que entonces tendría que haber «unreal persons» («personas irreales»).
Ateniéndonos a nuestro idioma en sí, digamos que la frase no se conjuga bien con ninguna «realidad» objetiva, puesto que «personas reales» serían, por ejemplo el rey Juan Carlos I, la reina Isabel II, el príncipe Alberto de Mónaco y la princesa María Teresa de Luxemburgo. En cambio, la frase clásica en nuestro idioma es «personas de carne y hueso» («persons of flesh and blood»), en contraste con, digamos, las personas virtuales representadas por sistemas automatizados y demás artificios.
Cabe repetir que las «personas» en muchos casos están de más. No me refiero, claro, a los seres humanos en sí, sino a la PALABRA «personas», que como ya hemos comentado en otras ocasiones, (casi) nada pinta en nuestro idioma. Si decimos «hubo tres heridos», de más estaría aclarar que se trata de «personas», puesto que mascotas no serán.
Demos mejor un dato útil y especificativo: viajeros, transeúntes, pasajeros, etc. Como en este caso: «Dos jóvenes fueron reportados como desaparecidos».
Ah, ¿pero se fijaron en la curiosa anglorredacción? Es fiel copia de la sintaxis inglesa, de un ordenamiento de ideas ajeno a nuestra manera de pensar. Se pone «jóvenes» como el sujeto de la oración, cuando es al revés: se trata del objeto, en este caso de una notificación. Pensada en español, la oración se redactaría así: «Se notificó la desaparición de dos jóvenes».
Constituye la DESAPARICIÓN del claro y lógico pensamiento castellano redactarlo en espanglés (mal llamado «Spanglish»). Más sobre este tema en mi próximo artículo, sobre el Seminario del Español en los EE. UU., celebrado recientemente en Burgos. En él comentaremos más frases espánglicas de este tenor: «fue citado como diciendo» y «tú debes ser tú mismo», disparates calcados de los más primitivos angloconceptos que no se compadecen con nuestra psicología y estilo expresivo.
Para lo cual, amigos, falta nos hace un buen PORTAVOZ de lo que es lícito y aceptable en nuestra lengua, y procurar, sí, hacer DESAPARECER las tendencias ESPÁNGLICAS que la perjudican y desvirtúan. ¿De acuerdo?
Emilio Bernal Labrada, de la Academia Norteamericana y la Real Academia Española, es autor de La prensa liEbre o Los crímenes del idioma. Pedidos a emiliolabrada@msn.com.